En el mundo de la confección industrial, la máquina collarín (recubridora o collareta) es considerada la reina indiscutible de los acabados elásticos y los ribetes perfectos. Sin embargo, en la realidad de la costura hogareña, los pequeños emprendimientos y muchos talleres que apenas comienzan, adquirir una collarín no siempre es la primera opción debido a su costo y especialización. La inmensa mayoría de las costureras nos apañamos diariamente con el auténtico "dúo dinámico" del taller: la máquina plana (recta) y la fileteadora (overlock).
¿Significa esto que estamos condenadas a acabados artesanales o lentos? ¡Para nada! El gran secreto de los talleres profesionales que trabajan a alta velocidad y con una simetría impecable no radica en tener un banco infinito de maquinaria, sino en saber transformar sus equipos básicos. Para lograrlo, los folders (embudos) y las guías técnicas de acero inoxidable son tus mejores aliados. Estos aditamentos automatizan el doblado, alinean los bordes y guían los insumos milisegundos antes de que actúe la aguja, permitiéndote competir en calidad con cualquier fábrica textil utilizando las herramientas que ya tienes en casa.
